AGRICULTURA
El campo extremeño se adapta al cambio climático
El avance del regadío, las nuevas técnicas de cultivo y la búsqueda de alternativas marcan la transformación del sector agrario en Extremadura
El campo extremeño ha cambiado de forma notable en las últimas décadas. El regadío ha ganado terreno y ocupa hoy un 21% más de superficie que hace cuarenta años. Además, el riego por goteo se ha consolidado como el sistema mayoritario, una evolución que ha transformado tanto las técnicas de cultivo como el propio paisaje agrícola.
Según los resultados provisionales de la encuesta sobre superficies de 2025, en comparación con el año anterior, el olivar ha sumado más de 4.000 hectáreas, hasta alcanzar casi las 305.000. También crecen el cereal y los frutales, mientras que el barbecho retrocede en más de 10.000 hectáreas. Esta evolución responde tanto a la modernización del sector como a la necesidad de adaptarse a un clima cada vez más cambiante, con temperaturas y fenómenos meteorológicos que no se registraban hace dos décadas.
Impacto de las olas de calor
En este contexto, la investigación cobra especial relevancia. En una finca de Cycitex, llevan tres años estudiando los efectos de las olas de calor en el tomate industrial. El ingeniero técnico agrícola Eugenio Márquez ha explicado que “En el tomate, el daño se produce en la floración y el cuajado, y podemos ver cómo se producen los abortos y las flores fallidas”.
Este fenómeno provoca que muchos tomates no lleguen a cuajar o reduzcan su tamaño. Para analizarlo, los investigadores utilizan cabinas con sensores. La doctora en Ciencias Biológicas e investigadora María Victoria Alarcón ha detallado que “Llevan en el interior una serie de sensores para ver las temperaturas a las que son sometidas las plantas y se trata de comprobar cómo la planta es capaz de adaptarse a estas condiciones situación tan extrema”.

Prevención y medidas de mitigación
La adaptación se articula en dos líneas: prevención y mitigación. Alarcón ha precisado que “El tratamiento de prevención se suele aplicar dos o tres días después del trasplante de la planta al campo mediante aplicaciones foliares o en el riego; el tratamiento de mitigación consiste en que justo en el momento en que se está produciendo el evento extremo de ola de calor se le da un riego extra a las plantas, bien nocturno o bien diurno”.
Sin embargo, el tomate es solo un ejemplo. Los cultivos de secano, como el cereal, el almendro, la vid o el olivo, son los más afectados por las altas temperaturas y la irregularidad de las lluvias. El profesor de la Escuela de Ingenierías Agrarias de la UEX, Abelardo García, ha advertido que “Hemos visto por ejemplo como con la vid va a ser muy difícil hacer vino de calidad; con el olivo se tira mucha flor y baja la producción, serán necesarias producciones más tempranas”.

Nuevos cultivos y cambios en el modelo
Ante este escenario, los expertos recomiendan apostar por ciclos de producción más cortos, mejorar el cuidado del suelo y explorar nuevas alternativas. García ha señalado que “Cultivos que tenemos aquí y a los que no hemos hecho mucho caso como la higuera o el granado; y entre los nuevos cultivos, si siguen reduciéndose las heladas probablemente tendremos pronto cítricos, aguacates o mango”.
Cambios que, hasta hace pocos años, parecían impensables y que evidencian cómo el cambio climático ya está condicionando el presente y el futuro del campo extremeño.


