MEMORIA
Identificadas las dos primeras víctimas de las fosas de Castuera tras 15 años de trabajo
La séptima campaña de exhumaciones arranca con un avance histórico: las dos primeras víctimas identificadas en las fosas del recinto
Quince años después del inicio de las excavaciones en el cementerio de Castuera, la investigación empieza a dar sus primeros frutos. La séptima campaña de exhumaciones arranca con un avance histórico: las dos primeras víctimas identificadas en las fosas del recinto. Dos nombres que devuelven identidad, memoria y familia a un lugar marcado por el silencio. Se trata de Francisco y Julián Gil, dos hermanos separados durante décadas y reconocidos ahora gracias a la coincidencia genética del cromosoma Y. Francisco fue localizado e inhumado en Villanueva de la Serena, y su ADN ha permitido identificar a Julián en una de las fosas de Castuera.
“Hubo una coincidencia de cromosoma Y con Francisco, que ya estaba identificado, y eso ha permitido poder identificar a Julián Gil”, explica la antropóloga forense de Aranzadi, María Fortuna Murillo. El segundo identificado es Antonio Holguín León, guardia en Castuera cuyos restos fueron recuperados en la fosa 1, como detalla Murillo: “Se ha podido identificar gracias a que su hija aportó una muestra de ADN en 2014”.
“Iban atados con alambre… incluso por el cuello”
El historiador Antonio Rodríguez recuerda la brutalidad del procedimiento: “Iban de dos en dos y atados con alambre por el antebrazo superior y las muñecas. En este caso, también por el cuello”. Son testimonios que coinciden con los relatos de prisioneros del campo de concentración de Castuera, que describían cómo se abrían zanjas por la noche y cómo, al día siguiente, ya estaban colmatadas. Los investigadores estiman que en esta zona podría haber más de 300 personas.
Una séptima campaña para seguir abriendo tierra y memoria
El arqueólogo de Aranzadi, René Pacheco Vila, explica que el trabajo de esta campaña se centra en delimitar las zanjas donde se encuentran los enterramientos: “Hay que pensar que aquí todos serían enterramientos individuales, pero unos están con ataúd y otros sin él. Los que están sin ataúd son las personas que estamos buscando”.
La zona conocida como “los desamparados” era originalmente la parte trasera del cementerio. A partir de 1938 se utilizó para enterrar a personas pobres, que acabaron mezcladas con fusilados y prisioneros del campo.
El trabajo es minucioso: “Tenemos que ir con espátulas, con herramientas de dentista, para liberar los huesos de la tierra. Intentar dejar los cuerpos al descubierto y estudiar la posición en la que están enterrados”, detalla Pacheco.


