ECONOMÍA

Tener trabajo ya no garantiza a los jóvenes poder emanciparse

El encarecimiento de la vivienda y la pérdida de poder adquisitivo obligan a muchos jóvenes a compartir piso, recurrir a sus padres o aplazar proyectos vitales

Extremadura
El alza de los precios supone cada vez una mayor pérdida de poder adquisitivo de los salarios, sobre todo entre los más jóvenes.

AndreyPopov de Getty Images El alza de los precios supone cada vez una mayor pérdida de poder adquisitivo de los salarios, sobre todo entre los más jóvenes.

19 Septiembre 2026, 11:18 | Actualizado 19 Septiembre 2026, 11:24

Encontrar un empleo no garantiza a los jóvenes poder iniciar una vida independiente. El incremento del coste de la vida, unido especialmente a las dificultades de acceso a la vivienda, hace que emanciparse en solitario resulte cada vez más complicado.

Desde 2020, las subidas salariales de los menores de 30 años no han sido suficientes para compensar el incremento de los precios durante buena parte del periodo. Con el dato del IPC de septiembre aportado en el estudio, los precios acumulan un aumento del 28 % desde 2020, el mismo porcentaje en el que se habrían incrementado los salarios de los jóvenes de entre 25 y 29 años en estos seis años. Sin embargo, el economista Juan Francisco Caro sitúa principalmente el problema en el acceso a una vivienda y ha explicado: "El retraso de la edad de emancipación en los jóvenes de nuestro país no es tanto un problema de empleo y salarios sino de vivienda".

Compartir vivienda o recurrir a los padres

Las dificultades se reflejan en las respuestas de los propios jóvenes. "No sé si el salario podría permitirme vivir yo solo", reconoce uno de ellos. Otra joven resume su experiencia: "Ni he tenido suerte ni ha sido fácil, ha sido muy estresante".

La posibilidad de vivir en solitario se percibe como especialmente difícil. "Independizarse literalmente sola ahora mismo es complicadísimo", asegura una de las jóvenes consultadas. Ante esta situación, compartir los gastos de la vivienda se convierte en una de las principales alternativas. "Vivo con mi novio. Un poco más fácil que hacerlo tú solo", explica una joven, mientras otra tiene claro que su emancipación tendría que producirse necesariamente de esta forma: "Ahora mismo tendría que ser sin duda compartido, es que no puedo irme sola".

La psicóloga María Martín Solana advierte, además, del "cuestionamiento de si los jóvenes realmente se están esforzando lo suficiente para lograrlo", pese a las circunstancias económicas que condicionan su capacidad para independizarse. Martín subraya que una de las necesidades básicas vinculadas con la estabilidad y la seguridad no se está viendo satisfecha, una situación que puede afectar también al bienestar emocional.

Otra posibilidad pasa por recurrir a la familia para completar los ingresos. "Sí, tendría que pedirles dinero", reconoce una de las personas consultadas, que añade: "La verdad que me parece triste".

La vivienda, una barrera para la emancipación

El acceso a la vivienda representa uno de los principales obstáculos. Juan Francisco Caro ha advertido de que "poder afrontar la entrada para una vivienda sea un obstáculo difícil de salvar" y ha señalado que "cada vez, el esfuerzo que tienen que hacer los jóvenes para afrontar estos pagos es mayor".

La situación no solo afecta al momento de abandonar el hogar familiar. También puede provocar que los jóvenes pospongan otros proyectos vitales, como formar una familia, no necesariamente por decisión propia, sino por las circunstancias económicas. "Primero me tendré que sostener yo, y luego ya", expresa una joven. Otro testimonio incide en la misma dificultad: "Si no tienes casi ni para vivir para ti, vas a estar pensando en vivir para otras personas, en criar a alguien más".

El impacto de no poder avanzar

La imposibilidad de desarrollar estos proyectos puede generar además frustración, inseguridad y sensación de estancamiento. María Martín ha explicado que, a la hora de afrontar sus consecuencias psicológicas, "la raíz del problema al final no está en la persona en particular, sino en un problema estructural".

A este escenario se añade la relación entre salarios y prestaciones. Según el ejemplo facilitado a partir de datos del Instituto Nacional de la Seguridad Social, una familia monoparental con dos hijos mayores de seis años y unos ingresos laborales anuales de 25.000 euros dispondría de unos 350 euros más al mes que otra que percibiera el ingreso mínimo vital junto al complemento de ayuda para la infancia. El conjunto de estas dificultades condiciona las expectativas de futuro. "A los 20 largos, 30 como pronto no me voy a poder independizar bien", concluye una de las jóvenes consultadas.