De California a Extremadura tras las raíces familiares
Tres primos estadounidenses regresan a la tierra de sus abuelos, emigrantes extremeños que partieron a Hawai a comienzos del siglo XX, para reencontrarse con su familia y su historia
Desenterrar el pasado es clave para comprender el presente. Lo saben bien los protagonistas de esta historia: tres primos de California, nietos de emigrantes extremeños que marcharon a Hawai entre 1907 y 1913 en busca de un futuro mejor. Gracias al trabajo del Club Universo Extremeño, han llegado ahora a la región para reencontrarse con su familia al otro lado del Atlántico y cerrar un círculo marcado por la emigración.
Dona, Antoniette y John, naturales de San Francisco, recorren estos días Mérida guiados por Paco Rodríguez Jiménez, historiador y pieza clave en el reencuentro familiar. Los tres descubrieron hace poco que compartían lazos de sangre, una revelación que ha dado sentido a este viaje. John Maria, nieto de emigrante extremeño en California, señaló que “estamos aquí para encontrar el pasado, los vínculos con nuestros antepasados. No estamos enteros sin el pasado”.

De Extremadura a Hawai
El origen de esta historia se remonta a comienzos del siglo XX, cuando miles de extremeños se vieron obligados a abandonar su tierra. Rodríguez Jiménez detalló que “de 1907 a 1913, las compañías británicas, sobre todo de explotación de caña de azúcar, buscaban mano de obra barata. Iban a los pueblos contando las virtudes del empleo allí en Hawai”. Una promesa de prosperidad que ocultaba una realidad muy distinta.
Las condiciones de vida y trabajo resultaron extremas para aquellos emigrantes. El historiador puntualizó que “las condiciones de vida y trabajo eran tan duras que se movilizaron, hubo huelgas, enfrentamientos y una reemigración fundamentalmente a California”. Ese segundo salto migratorio marcó definitivamente a muchas familias extremeñas.

Una historia que continúa en California
Ese fue también el camino seguido por los antepasados de John. Él mismo relató que “con cinco años allí, en Hawai, trabajando en la caña de azúcar, fueron a San Francisco y allí mis padres y yo y mis primas nacieron”. En California, varias generaciones crecieron manteniendo vivos los recuerdos y las costumbres heredadas.
María, la abuela de Dona, y su marido, tío abuelo de John, compartieron ese mismo destino migratorio. De ella, Dona conserva recuerdos íntimos ligados al cuidado familiar y a la cocina tradicional. “Ella cocinaba postres españoles para nosotros y tortilla con patatas y huevos. Nos encantaba. Ella siempre me cuidó y fue cariñosa conmigo”, recordó emocionada.
Un reencuentro con símbolo
El reencuentro entre los primos ha sido posible gracias al proyecto impulsado por el Club Universo Extremeño desde 2021, que trabaja para reconstruir la memoria de la emigración y conectar a los descendientes de aquellos extremeños repartidos por el mundo. Ese hilo invisible, mitad español y mitad americano, los ha traído hasta Mérida para conocer a su familia emeritense.

La emoción alcanzó su punto culminante al final de la visita. A la salida del teatro, en la tienda de recuerdos, Dona se detuvo ante un colgante que le resultaba familiar. Entonces confesó que “es muy sinficativo para mí porque yo tengo uno en casa de mi abuela y verlo aquí en el lugar de su nacimiento... Un joya que mi abuela me dejó a mí, aquí... Increíble”. Un símbolo que selló el cierre de una historia marcada por la emigración, la memoria y el reencuentro.
Un círculo que se cierra con broche de oro.


