MEDALLAS DE EXTREMADURA
José María Núñez dedica la Medalla de Extremadura a quienes no pudieron vivir libres
El presidente de Fundación Triángulo reivindica la memoria del colectivo LGTBI y defiende que la diversidad forma parte de la identidad democrática extremeña
Jorge Armestar / Europa Press Medallas de Extremadura
El presidente de Fundación Triángulo, José María Núñez Blanco, ha recogido la Medalla de Extremadura con un discurso cargado de memoria, agradecimiento y reivindicación de los derechos LGTBI.
Una vida marcada por la diferencia
Núñez ha comenzado su intervención evocando su propia historia personal y recordando al niño que creció en Barcarrota sintiéndose diferente en una época marcada por el rechazo y la incomprensión. "Permítanme que esta noche les hable de un niño, que nació y creció en Barcarrota, en el seno de una familia trabajadora, humilde y noble", afirmó. Aquel menor, explicó, "comenzó a sentirse diferente" mientras escuchaba mensajes de desprecio hacia personas homosexuales y veía cómo algunas se marchaban para poder vivir con libertad.
"Hoy, 54 años después recibo la Medalla de Extremadura, mi lugar en el mundo, por lo que haya podido aportar en la defensa del derecho a poder amar, desear y ser en mi tierra", ha señalado.
Los cambios que parecían imposibles
Durante su intervención, Núñez ha destacado la transformación social vivida en las últimas décadas y recordó situaciones que eran impensables cuando comenzó a militar por los derechos LGTBI. "Aquel joven que fui no podía ni siquiera soñar que Sergio pidiera matrimonio a Javier ante miles de personas en Los Palomos".
También ha recordado a las familias homoparentales y a las personas trans que hoy viven con normalidad en numerosos municipios extremeños, subrayando de forma expresa que "las mujeres trans son mujeres".
El nacimiento del activismo
Núñez repasó los inicios del movimiento LGTBI organizado en Extremadura y recordó las dificultades existentes en los años noventa. "En 1995 los espacios para relacionarnos como lesbianas y gais eran apenas algunos bares", explicó, agradeciendo a esos establecimientos haber funcionado como espacios refugio.
Fue entonces cuando surgió el proyecto "De par en par", una iniciativa que calificó de revolucionaria para la época porque "mucha gente aún tenía miedo".
"La democracia ya no parecía cuestionarse en España, pero algunas libertades quedaron atrás durante la transición", sostuvo. "La única organización que en 1997 respaldó el primer manifiesto del Orgullo en Extremadura fue Amnistía Internacional Badajoz. Ninguna más", ha recordado. Según ha añadido José María Núñez, durante todos estos años tuvieron que "convencer a mucha gente para llegar hasta aquí, de todos los signos políticos".
"Pero, algunas personas sí se implicaron cuando casi nadie estaba, y fueron claves. No puedo citar a todas, pero déjenme recordar a Ángela Rivera y Pepe Álvarez, y por supuesto a Guillermo Fernández Vara, sin cuya implicación y compromiso no habríamos avanzado como lo hemos hecho en Extremadura. Y es que en los 90 Extremadura y España eran otras. Los años de represión pesaban, y el miedo aún recorría los huesos de demasiada gente".
El recuerdo a quienes no pudieron vivir libres
"Pienso antes que en nadie en quienes nos precedieron", manifestó. Núñez recordó a quienes emigraron a Madrid, Barcelona o Alemania para escapar de la discriminación y también a quienes permanecieron en sus pueblos viviendo "una vida truncada".
"Y pienso, con un nudo en la garganta, en quienes se quedaron para vivir una vida truncada. Poco antes de morir, un paisano le dijo a mi madre que se sintiera orgullosa porque su hijo había peleado por vivir con dignidad, algo que él jamás se atrevió a hacer".
"Muchos de estos hombres y mujeres tienen para cada uno de nosotros nombres y apellidos", ha asegurado. "Por favor, imaginen, imaginemos que están hoy aquí, acompañándonos, tras de mí, todos ellos. Y ellas". "La memoria no es rencor, la memoria es reconocer su dignidad, y es la única garantía de no repetir el pasado", afirmó. "Seguiremos trabajando a nivel internacional para que nadie sea ilegal en ningún lugar por su identidad y su orientación sexual", señaló. "Nadie debería ser ilegal", ha añadido.
Además, ha defendido la cooperación internacional y destacó que "sólo desde la solidaridad lograremos que el mundo avance".
Ni un solo paso atrás
Núñez ha agradecido expresamente a la presidenta de la Junta, María Guardiola, la concesión de la Medalla de Extremadura. "Es la primera vez que el máximo reconocimiento institucional de Extremadura respalda esta causa, y esto no es algo menor", destacado. A su juicio, el reconocimiento envía "un mensaje nítido de que la diversidad forma parte indiscutible de nuestra identidad democrática".
"A quienes pretendan hacernos retroceder, a quienes alientan discursos de odio señalando la igualdad de las mujeres y la diversidad, decirles con total serenidad y firmeza que no permitiremos ni un solo paso atrás", ha afirmado. "Ya no tenemos miedo, ni estamos solos". "Quienes cambiamos el miedo por la libertad conformamos una inmensa mayoría ciudadana que no vamos a permitir que nos arrebaten lo que ya no es un sueño, sino nuestras vidas". "Toca seguir haciendo de Extremadura un lugar seguro para todas", ha señalado. "Si tienen hijos, nietas, primos o sobrinas que sienten o aman de forma distinta, abrácenlos", ha pedido.
"Que alguien sea gay, lesbiana, bisexual, trans, intersexual o no binarie no cambia en nada quién es", ha añadido el presidente de la Fundación Triángulo.
El recuerdo a sus padres
El discurso ha concluido con un agradecimiento emocionado a sus padres, a quienes atribuye gran parte de su trayectoria vital: "El hombre que hoy les habla sabe que nada habría sido igual sin el cariño que tuve en casa", ha afirmado. "Papá, mamá, gracias eternas por todo. Comparto esta medalla con vosotros, en memoria de quienes en esta tierra que me enseñasteis a amar, no pudieron ser", concluido el ganador de la Medalla de Extremadura, José María Núñez.