ENERGÍA

Extremadura se posiciona como destino clave para el desarrollo del biometano

Los proyectos de Oliva de Plasencia y Vegas Altas, ya con autorización ambiental, prevén iniciar las obras antes de final de año

Extremadura

Getty Images Planta de biometano.

30 Agosto 2026, 11:33 | Actualizado 30 Agosto 2026, 14:36

Los proyectos de biometano siguen ganando terreno en Extremadura, una región que reúne las condiciones que buscan este tipo de instalaciones. Dos de los proyectos más avanzados, ya con la autorización ambiental, son los que están en Oliva de Plasencia y el entorno de Don Benito. 

Ciro García, el director técnico de la planta de biometano de Oliva de Plasencia asegura que la región reúne las condiciones que buscan este tipo de instalaciones: "zonas con riesgo de despoblación, los requisitos técnicos, tenemos residuos, tenemos las conexiones, tenemos los accesos, pues es un sitio óptimo diría yo".

Mismas condiciones que cumplen en Hernán Cortés, Valdehornilllos y Santa Amalia, donde está prevista otra planta semejante. Son de biometano, es decir, transforman los residuos orgánicos en gas natural que inyectan directamente a la red. En Oliva la materia prima es el alperujo de las aceitunas. En Vegas Altas, además, le suman despojos de matas de tomate, pajas de arroz, maíz y cereal o heces de vaca y cerdo.

Darío Pérez, director operativo de la planta de biometano de Vegas Altas se pregunta "por qué tratamos los residuos de los humanos y no de los ganaderos, y lo tiramos al campo y no pasa nada, y todo el mundo está tan tranquilo, cuando además le podemos dar una vida a esto y que deje de contaminar acuíferos y que empecemos a ser autosuficientes en la producción de gas".

Son un ejemplo, dicen, de economía circular: retiran los residuos de la naturaleza y los reutilizan para generar energía limpia. Lo harán, aseguran, tras pasar controles ambientales muy rigurosos que evitarán cualquier olor, ruido o contaminación del agua. Y ponen que en Europa hay ya 2.000 plantas de biometano en funcionamiento. 

Y es que su impacto socioeconómico en los pueblos, aseguran, es muy amplio, "mediante el pago de numerosos impuestos, ya sea durante la obra como durante los 25 años de operación de la planta", explica Ciro García, que también destaca que estos proyectos también son positivos "a nivel de empleo, fijando población" y, además, "ayudamos a los productores de oliva local a gestionar ese residuo y además el digerido se convertirá en un fertilizante orgánico en la región", concluye.

Después de años de tramitación confían en comenzar las obras antes de acabar el año y convertirse así en las primeras plantas de biometano de Extremadura.