FESTIVAL DE MÉRIDA

El ciclo de Tebas: tres generaciones para arrasar una estirpe

Llega El viaje de Edipo al Festival de Mérida: las cuatro obras del ciclo tebano se van a representar juntas en el teatro romano desde este miércoles hasta el domingo.

Extremadura
El viaje de Edipo / Jero Morales - Festival de Mérida
19 Agosto 2026, 11:18 | Actualizado 19 Agosto 2026, 13:03

Nos pasamos la vida, en el Festival de Mérida, yendo de una familia a otra y, cada una, "pegada al poder y a los dioses", como dicen Isidro Timón y Emilio del Valle. Durante una noche de esas de terraza de hace varios años (han pasado tantas cosas en esa terraza), Isidro me dijo que estaban preparando un Edipo pero que querían contar toda la historia: este año lo ha hecho también Ricardo Iniesta en una Antígona superlativa que ojalá se hubiera representado en el teatro romano de Mérida, que era su sitio natural aunque no tenga grandes nombres (que son siempre, en esta época, gente que salga en televisión).

Contar esta historia "es reflexionar sobre el poder, la religión y el hecho de que desde la Grecia clásica se mantiene la idea de que el poder está en manos de determinadas familias" y "carece de sentido si no se ejerce 'sobre' alguien".

El viaje de Edipo / Jero Morales - Festival de Mérida

 

A Lábdaco nadie lo recuerda, pero dio nombre a los labdácidas. Era el padre de Layo, marido de Yocasta, cuñado de Creonte, abuelo de Edipo, bisabuelo de Antígona, Ismene, Eteocles y Polinices. Se negó a rendir culto a Dionisio, así que provocó la maldición, el castigo divino entre su descendencia. Y qué castigo: no acababa nunca, el castigo.

En esta obra, quien narra el viaje de su padre (que muere, claro, aquí muere todo el mundo) es Ismene, la superviviente, que quizá tuvo una hija y también la llamó Antígona: "Para contar esta historia recurrimos a Sófocles (Edipo rey, Edipo en Colono y Antígona), y a Esquilo (Los siete contra Tebas). A Isidro Timón y a mí también nos gusta pensar que ellos también la escribieron a cuatro manos, como nosotros", comenta Emilio del Valle.

El ciclo tebano constituye el corpus mítico más fecundo sobre la autodestrucción del poder, la ceguera humana y la herencia de la culpa. Estas cuatro obras dialogan entre sí y nos remiten también a momentos históricos del siglo V a. C. ateniense.

El viaje de Edipo / Jero Morales - Festival de Mérida

 

Podemos contárselo cronológicamente. De Edipo rey, Aristóteles pensaba que era la cumbre del género trágico, por la conjunción perfecta de peripecia (peripéteia) y reconocimiento (anagnórisis). Se cree que la escribió, probablemente, tras la gran peste de Atenas del 430 a. C. Ahora se dice que es el primer thriller. Lo resumieron bien Les Luthiers: "Le dijo el Oráculo / Edipo, tu vida / se pone movida: / serás parricida (...) Si bien yo detesto / Hablarte de esto / Se viene, se viene un incesto".

Esto lo sabía su padre, que mandó matarlo: al matarife le dio pena y se lo dejó a un pastor (no es la primera vez que la compasión gana: piensen en Rómulo y Remo, en Paris, en Blancanieves, en Atalanta), el pastor se lo dio a Pólibo y Mérope allá en Corinto, pero Edipo, temeroso de matar a su padre y casarse con su madre, se va de la ciudad y, en un cruce de caminos, mata a un viejo por un quítame allá esas pajas, derrota a la esfinge, llega a Tebas, le hacen rey, se casa con la mujer que ocupa el trono. El viejo era su padre, su esposa es su madre. Cuando lo descubre, se clava alfileres en los ojos. Yocasta se suicida.

El viaje de Edipo / Jero Morales - Festival de Mérida

 

Edipo ciego se va a Colono mientras su hijo Eteocles reina: le ha prometido a su hermano Polinices que se irán turnando en el poder. Esta obra (Edipo en Colono) no la estrenó Sófocles, sino su nieto (Sófocles el joven, hijo de Aristón) tras la derrota de Atenas en la Guerra del Peloponeso. Es el testamento vital y cívico de un Sófocles nonagenario. Aquí se habla de expiación, de refugio, de reconciliación sagrada. Edipo llega como un mendigo ciego al bosquecillo sagrado de las Euménides en Colono y acaba diciendo esa frase mítica: "A pesar de tantos dolores, mi edad avanzada y la grandeza de mi alma me hacen juzgar que todo está bien". La usó Camus en El mito de Sísifo. Teseo es el único que le acoge con respeto.

La pieza que menos se ha representado en Mérida es Los siete contra Teba", del 467 a. C. Y eso que, dramáticamente, es potentísima. Imaginen:  Tebas está sitiada por el ejército de Argos, que apoya a Polinices para arrebatarle el trono a su hermano Eteocles. La ciudad tiene siete grandes puertas y siete capitanes argivos atacan cada una de ellas simultáneamente: Tideo contra Melanipo, Capaneo contra Polifonte, Eteoclo contra Megareo, Hipomedonte contra Hiperbio, Partenopeo contra Áctor, Anfiarao contra Lástenes.

Y, con ellos, sus escudos, que reflejan la noche de la muerte, un hombre desnudo portando una antorcha con la inscripción: "Quemaré la ciudad", un guerrero armado escalando una muralla enemiga con la leyenda: "Ni siquiera Ares me arrojará de la torre", Tifón (un monstruo escupefuego) rodeado de serpientes humeantes, Zeus con el rayo en la mano.

El escudo de Partenopeo es cruel: muestra a la esfinge devorando a un ciudadano de Tebas. El de Anfiarao no lleva nada, porque es el único héroe noble de Polinices.

La última puerta enfrentará a los dos hermanos. Polinices lleva una figura de oro: una mujer que representa a la Justicia guiando a un guerrero, con la inscripción: "Yo le restituiré y tendrá su ciudad". Eteocles estalla. Denuncia que la Justicia jamás ha acompañado a un traidor que ataca su patria con tropas extranjeras. Y comprende de golpe que la maldición de su padre Edipo ha madurado: sólo él, rey y hermano, puede y debe ocupar la séptima puerta.

En esta obra se han mirado todas las que hablan de guerras fratricidas, desde Incendios de Wajdi Mouawad hasta Sarajevo: Relatos de una ciudad de Goran Stefanovski. También lo hizo Akira Kurosawa en Los siete samuráis.

Por Flaxman - Project Gutenberg eText 14994 - http://www.gutenberg.org/dirs/1/4/9/9/14994/14994-h/14994-h.htm, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=400092

De esos polvos llegaron los lodos de Antígona que, aunque cronológicamente es el final del mito tebano, Sófocles la compuso casi tres décadas antes que Edipo en Colono y más de una década antes que Edipo rey. Antígona. La que entierra a su hermano bajo peligro de muerte, la que rechaza la salida que le ofrece Creonte, la que no quiere, como dice Luna Mayo, que el cuerpo de Polinices "acabe en una cuneta". La desobediencia civil y los límites del poder: Antígona sigue siendo el texto fundacional sobre la objeción de conciencia, la dignidad de los ritos funerarios y la resistencia ética contra la tiranía del estado.

Y, para contarnos todo eso, están José Antonio Lucia, Marcial Álvarez, Jorge Muñoz, Sara Jiménez, Mamen Godoy, Luna Mayo, Camila Almeda, Fermín Núñez y Vega del Valle, junto a la pianista Montse Muñoz.

El viaje de Edipo / Jero Morales - Festival de Mérida

 

Todos los actores son coro y van al coro. Allí, en el mismo escenario, se cambiarán de ropa y serán Edipo, Yocasta (su madre, su mujer, su amante), Creonte (su cuñado), sus hijos Antígona, Ismene, Polinices, Eteocles; el adivino Tiresias (que aquí no es adivino, sino un corresponsal de guerra), Hemón (hijo de Creonte, prometido de Antígona) o Teseo.

Qué pinta Teseo aquí, se preguntarán. Es que Creonte prohíbe dar sepultura a los caudillos argivos caídos. Las madres de los muertos acuden a Eleusis (es una ciudad, no una diosa) a pedirle auxilio: esto se cuenta en Las suplicantes de Eurípides, que tampoco se representa mucho -hay otra, la de Esquilo, que es la más canónica-). 

Pero les decíamos que los actores van del coro hacia el coro: "Es un coro ciudadano. No es un coro que habla a la vez, que se domestique a través de la coreografía. Es un coro de personas, de individualidades que polemizan entre sí", explica Emilio del Valle.

Esta concepción convierte al elenco en una estructura esencialmente coral en la que los intérpretes asumen diferentes identidades. José Antonio Lucia encarna al coro y a Edipo cuando es rey; Marcial Álvarez, al coro y a Creonte; Jorge Muñoz, al coro, a Tiresias, a Polinices; Sara Jiménez, al coro, a Yocasta y a Hemón; Vega del Valle, al coro y a Antígona de niña; Mamen Godoy, al coro, a Edipo cuando es viejo y a la nodriza; Luna Mayo, al coro y a Antígona; Camila Almeda, al coro y a Ismene; Fermín Núñez, al coro, a Teseo y a Eteocles.

A todos los conocemos bien.

El viaje de Edipo / Jero Morales - Festival de Mérida

 

La primera vez que vimos, en el Festival (en la Alcazaba, cuando dirigía Blanca Portillo), una obra de Emilio del Valle e Isidro Timón fue Antígona del siglo XXI. "Hay guerras que arrasan naciones. Otras arrasan familias".

Pero, a pesar de todo, a pesar de todas las maldiciones, las guerras, las tiranías, las dictaduras, los nepotismos, volveremos a recordar:

Muchas son las cosas admirables, pero nada hay más asombroso que el hombre. Éste atraviesa el blanquecino mar surcando las olas bramadoras cuando sopla el noto en el invierno, y fatiga a la tierra, madre de los dioses, la tierra inmortal, infatigable, que rotura de año en año con el ir y venir de los arados arrastrados por caballos.

El ingenio del hombre apresa con sus redes el incauto linaje de las aves, las razas de animales salvajes de los campos, y atrapa en sus mallas a los peces de los mares; domina con sus artes las fieras montaraces, y somete al apretado yugo al caballo de velludo cuello y al toro infatigable que habita en las montañas.

Fecundo en recursos, ha aprendido por sí mismo la palabra, el alado pensamiento, los modos de vida ciudadanos, y a escapar del rigor de los hielos, mal refugio en la intemperie, y a evitar el azote de las lluvias. De ningún medio carece en su camino para aquello que pueda sucederle. Del Hades solamente no tendrá evasión posible, aunque haya inventado la manera de evitar las dolencias más rebeldes.

Poseedor de tan sabios y tan hábiles recursos, como nadie hubiera imaginado, se dirige unas veces a lo malo y otras a lo bueno. Cuando une a las leyes de su patria la justicia de los dioses que ha jurado, en la ciudad se distingue sobre todos, y es indigno de su patria el que ama con audacia lo malvado. Que jamás sea mi huésped ni mi amigo quien tal haga*.

Porque el hombre es un ser extraordinario.

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La traducción es de E. Ignacio Granero.