MEDALLA DE EXTREMADURA

Del expolio decimonónico al icono de Moneo: la gran epopeya del Museo Nacional de Arte Romano

Historia, nombres clave y memoria viva del gran referente arqueológico de Augusta Emerita, un motor científico que hoy recibe la Medalla de Extremadura

Extremadura
Del expolio decimonónico al icono de Moneo: la gran epopeya del Museo Nacional de Arte Romano

Canal Extremadura Del expolio decimonónico al icono de Moneo: la gran epopeya del Museo Nacional de Arte Romano

1 Septiembre 2026, 12:38 | Actualizado 1 Septiembre 2026, 12:43

María Cristina me quiere gobernar... Lo sé, la están cantando. Es una guaracha que compuso Ñico Saquito, que se inspira en las canciones que cantaban los cubanos contra María Cristina de Habsburgo-Lorena, segunda esposa de Alfonso XII, madre de Alfonso XIII y reina regente. Desde Madrid, se tardaban cuatro días en llegar, si es que la diligencia no volcaba.

Pero entonces, como ahora, movías una piedra y salía un trozo de columna, una colección de monedas, una lápida. De hecho, el Museo Arqueológico de Mérida nació para frenar la dispersión y el expolio del patrimonio que afloraba constantemente en el subsuelo emeritense. Esto sirvió para consolidar los primeros esfuerzos de coleccionismo, que venían del siglo XVI. Moraleja: ningún hecho, ninguna institución, ningún hito nace de la nada.

El nacimiento de una institución

Pocos meses después, por otra Real Orden complementaria del 10 de junio de 1838, se le asignó como primer depósito oficial el antiguo convento de Santa Clara de Mérida, donde ahora está la colección visigoda, que también depende del Museo Nacional de Arte Romano (MNAR).

Casi 125 años más tarde, la institución fue declarada Monumento Histórico-Artístico y ya en los años 80, se cumplen ahora cuatro décadas, se inauguró el nuevo edificio diseñado por el arquitecto Rafael Moneo, al ladito del teatro romano.

Vivo en Mérida: paso por la puerta del Museo innumerables veces al año. Estamos acostumbradísimos a ver el edificio, pero, en su época, supuso un hito arquitectónico y museográfico internacional por su manera de fusionar el lenguaje formal romano con la modernidad. Y, además, estructuró una cripta arqueológica transitable integrada en el propio museo. Moneo sigue diciendo que es su edificio favorito.

Mucho más que un museo

Pero un museo no es solo un museo: a nivel internacional y científico, el museo se ha posicionado como uno de los grandes referentes europeos en la investigación del mundo clásico. No solo porque custodia una colección de más de 37.000 piezas que documentan de manera integral la vida, el urbanismo, la religión y el arte de la capital de la Lusitania romana. También por sus artículos científicos, su labor de conservación, su biblioteca, sus congresos, su participación en excavaciones internacionales, sus talleres y hasta sus recreaciones históricas.

Por aquellos entonces, por el XIX, decíamos, el museo sobrevivió durante décadas con grandes estrecheces presupuestarias y dependiendo de la voluntad de eruditos locales. Su primer director fue José Álvarez Sáenz de Buruaga, historiador y arqueólogo: ordenó los fondos, rescató piezas expuestas a la intemperie y libró una batalla poco menos que titánica contra la especulación urbanística. Lo hizo a través de expedientes de expropiación forzosa de solares para salvar los restos romanos que emergían bajo el suelo. Fue el artífice de mantener viva la llama científica del museo hasta lograr el decreto de conversión en Museo Nacional en 1975 y asentar las bases del gran proyecto que vendría después.

Los nombres que consolidaron el proyecto

Desde 1986, quien se hizo cargo del Museo fue José María Álvarez Martínez, que se jubiló en 2017 pero que sigue activo en la vida de la institución como director emérito. Bajo su mandato, el MNAR se convirtió en un centro de investigación de referencia internacional en el estudio del mundo clásico y la arqueología romana. Imaginen cómo será la cosa que la primera entrevista que yo le hice fue ¡en Melilla! Impulsó publicaciones científicas, montó exposiciones temporales de primer nivel e integró el museo en la vida cultural de la ciudad con un departamento dedicado, por ejemplo, a realizar actividades didácticas para los más pequeños. Siempre he querido ir a los talleres de cocina romana que se han hecho varios años, pero nunca he tenido la edad.

Tomó el relevo su mujer, Trinidad Nogales, que fue también consejera de Educación y Cultura: "A mí me gustaría que fuéramos reconocidos por la ley como centros de investigación: no solo el museo de Mérida, sino todos los museos estatales, que ahora no lo somos y también me gustaría poder ver el futuro Museo Nacional Visigodo, que es un proyecto que ya está realizado y que se tiene que ejecutar detrás del teatro romano, en el antiguo solar de la Guardia Civil". Esos son los deseos del futuro.

Una Medalla para toda una trayectoria

Ahora reciben la Medalla de Extremadura, el galardón más importante que concede nuestra tierra. De su seno han surgido asociaciones recreacionistas, arqueólogos y conservadores, que siguen allí o se han ido, como Rafael Sabio, que ahora es director del Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena. A muchos de sus trabajadores los conocemos. Sabemos de la fuerza arrolladora de Pilar Caldera, que sigue colaborando con el Museo a pesar de haberse jubilado porque lo suyo es vocación. Y el mundo del maquillaje y el ornamento no sería lo mismo sin la mirada comprometida de Nova Barrero. Otros no están tan en la mira pública, pero todos son esenciales. Felicidades a todos ellos. A los que fueron y a los que serán.