CAMPO MAIOR
El pueblo que convirtió el café en parte de su patrimonio
En esta localidad portuguesa de la Raya, el café está ligado a su historia, a su economía y a la figura de Rui Nabeiro hay hasta un centro dedicado a conservar su memoria
Canal Extremadura En 1994 abrió sus puertas el Museo del Café y veinte años después, en 2014, lo hizo el actual Centro de Ciencia del Café
En Campo Maior, el café no es simplemente una bebida. Forma parte del paisaje, de la memoria y de la identidad de un municipio que ha hecho de este producto uno de sus grandes elementos patrimoniales. En esta localidad del distrito de Portalegre, a apenas unos kilómetros de la frontera española, la historia del café se cruza con la de la propia población y con la de una familia que acabaría convirtiendo una pequeña torrefacción en una de las grandes empresas cafeteras de Portugal.
La relación con el café viene de lejos. Durante buena parte del siglo XX, la proximidad con España convirtió la frontera en un lugar de intercambio y también de contrabando. El café formó parte de aquellas rutas de la Raya y las pequeñas torrefacciones fueron creciendo al calor de una actividad que acabaría transformando la economía local. Hoy, esa historia puede conocerse en el Centro de Ciencia del Café, un espacio creado precisamente para conservar y divulgar el patrimonio relacionado con esta industria. El propio municipio señala que su recorrido permite conocer la evolución de la torrefacción en Campo Maior desde los tiempos del contrabando hasta nuestros días.
El café está inevitablemente unido a Rui Nabeiro, una de las figuras más importantes de la historia reciente de Campo Maior. En 1961 comenzó su actividad en un pequeño almacén de apenas 50 metros cuadrados, tostando unos 30 kilos de café al día. Aquel negocio acabaría convirtiéndose en Delta Cafés. Más de dos décadas después, en 1984, se construyó en Campo Maior la fábrica de Novadelta, que el Grupo Nabeiro identifica como la mayor fábrica de café de la Península Ibérica en aquel momento.
La huella de aquella historia permanece hoy en el municipio. En 1994 abrió sus puertas el Museo del Café y veinte años después, en 2014, lo hizo el actual Centro de Ciencia del Café, concebido como un espacio interactivo dedicado a la cultura, la ciencia y la memoria de este producto. Sus más de 3.400 metros cuadrados reúnen exposiciones, equipos y experiencias relacionadas con el café, pero también materializan el patrimonio acumulado durante décadas por la industria cafetera de Campo Maior.
El centro permite entender, por tanto, que detrás de una taza hay también una parte de la historia de Campo Maior. El visitante puede acercarse al proceso del café, pero también conocer cómo la torrefacción, la comercialización y la expansión de esta industria fueron dejando su huella en una localidad fronteriza que hoy es considerada la capital portuguesa del café.
Pero Campo Maior es mucho más que café. Su historia está marcada por su condición de territorio de frontera. La localidad quedó integrada definitivamente en Portugal en 1297, tras el Tratado de Alcanizes, y su posición estratégica frente a España explica la importancia de sus fortificaciones. El castillo fue reconstruido durante el reinado de D. Dinis y, siglos después, la localidad desarrolló una importante fortificación abaluartada orientada hacia la frontera.
Esa condición fronteriza sigue presente en el paisaje y en la identidad de Campo Maior. A unos diez kilómetros se encuentra Ouguela, otra antigua plaza fuerte, mientras que el municipio cuenta también con otros espacios patrimoniales y museísticos que permiten recorrer diferentes capítulos de su historia. El arte sacro, Santa Beatriz da Silva, el aceite, las fortificaciones y, por supuesto, las Festas do Povo forman parte de un patrimonio mucho más amplio.
Y son precisamente las Festas do Povo las que muestran otra de las grandes características de Campo Maior: la capacidad de sus vecinos para convertir una tradición en patrimonio colectivo. Sus calles se llenan de flores de papel elaboradas durante meses por los propios habitantes, en una celebración reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Así, entre las murallas que recuerdan su pasado fronterizo, las flores que convierten sus calles en un enorme escenario y el aroma que sale de sus instalaciones cafeteras, Campo Maior ha construido una identidad propia. Un pueblo en el que el café dejó de ser solo una industria para convertirse también en memoria, patrimonio y una forma de reconocerse.