PORTUGAL

Castelo Branco, el sabor de la Beira Baixa portuguesa

Una ciudad de origen templario donde la gastronomía, la artesanía y el patrimonio se encuentran entre calles históricas y uno de los jardines barrocos más bellos de Portugal.

Canal Extremadura La tradición quesera de la Beira Baixa está documentada desde el siglo XIX y ha dado lugar a tres variedades protegidas con Denominación de Origen Protegida

1 Septiembre 2026, 07:34 | Actualizado 1 Septiembre 2026, 07:53

Ovejas, pastos, leche y generaciones de artesanos. En la Beira Baixa portuguesa, el queso forma parte del paisaje y de la memoria. Y en el centro de este territorio se encuentra Castelo Branco, una ciudad que ha hecho de esta tradición uno de sus grandes rasgos de identidad.

Su nombre está unido a la fortaleza que domina la ciudad y a una historia que hunde sus raíces en la Edad Media. La localidad creció vinculada a la Orden del Temple, que tuvo un papel Fundamental en la defensa y el poblamiento de este territorio durante el siglo XIII. Desde las ruinas del castillo, Castelo Branco se abre hacia el paisaje de la Beira Baixa, en un territorio próximo al Parque Natural del Tajo Internacional y estrechamente conectado con la vecina Extremadura.

Pero si hay un sabor que identifica a la región es el del queso. La tradición quesera de la Beira Baixa está documentada desde el siglo XIX y ha dado lugar a tres variedades protegidas con Denominación de Origen Protegida: el Queijo de Castelo Branco, el Queijo Amarelo da Beira Baixa y el Queijo Picante da Beira Baixa.

El primero lleva directamente el nombre de la ciudad. Se elabora tradicionalmente con leche de oveja y flor de cardo, siguiendo un proceso artesanal en el que el tiempo también forma parte de la receta. Su sabor cambia con la maduración y alcanza una mayor intensidad cuando se prolonga la curación. Es el resultado de una cultura pastoril que durante generaciones convirtió la leche de los rebaños en uno de los productos más reconocibles de esta tierra.

Castelo Branco, sin embargo, no se entiende únicamente desde su gastronomía. Su casco histórico conserva la huella de los oficios que durante siglos dieron vida a la ciudad. Entre sus calles aparecen antiguas casas, portadas de piedra, iglesias y edificios que recuerdan una forma de vida ligada al trabajo artesanal.

Especial protagonismo tienen las colchas de Castelo Branco, una de las expresiones más reconocibles de la artesanía local. Bordadas a mano sobre lino y decoradas con hilos de seda de vivos colores, sus motivos vegetales y composiciones ornamentales han convertido estas piezas en uno de los símbolos culturales de la ciudad. La tradición sigue viva y forma parte del patrimonio que Castelo Branco conserva y transmite.

Y entre todo ese legado aparece uno de los grandes tesoros de la ciudad: el Jardim do Paço Episcopal.

Construido a comienzos del siglo XVIII por iniciativa del obispo D. João de Mendonça, el jardín despliega un sorprendente paisaje barroco de setos de boj, escalinatas, fuentes, estanques y esculturas. Sus recorridos geométricos esconden una auténtica lección de historia. Entre sus figuras aparecen los reyes de Portugal y, en un curioso detalle cargado de significado, los monarcas correspondientes al periodo de dominio español entre 1580 y 1640 fueron representados a menor escala.

El antiguo Palacio Episcopal, junto al jardín, alberga hoy el Museu Francisco Tavares Proença Júnior, donde se conservan piezas arqueológicas, arte y una importante colección relacionada con las tradicionales colchas de la ciudad.

Desde el jardín hasta el castillo, Castelo Branco propone un recorrido por una historia construida a fuego lento: la de los pastores que hicieron queso, las manos que bordaron la seda, los oficios que dejaron su huella en las calles y las generaciones que fueron levantando una ciudad alrededor de su fortaleza.

En la Beira Baixa, el queso puede ser la puerta de entrada. Pero una vez cruzada, Castelo Branco ofrece mucho más: patrimonio, artesanía, historia y un paisaje cultural que también tiene mucho que contar al otro lado de la Raya.