GASTRONOMIA

Ave, los que van a comer te saludan

En Aljucén, una emeritense y un arqueólogo devuelven a la mesa los sabores de Roma 

25 Mayo 2026, 09:57 | Actualizado 25 Mayo 2026, 10:07

Un menú desgutación con el que viajar en el tiempo. En pleno corazón de la comarca de Mérida, las termas de Aqua Libera no solo recuperan el valor arquitectónico y ritual del mundo romano, sino también su forma más sensorial de entender la vida: la comida.

Detrás de esta propuesta se encuentran Noemí Cabalgante y su compañero Santiago Feijó, un tándem que une divulgación, arqueología y pasión por la cultura clásica. Su objetivo es claro: reconstruir la experiencia gastronómica romana con rigor histórico, pero también con placer contemporáneo.

Comer como un romano

La cocina que recrean bebe directamente de las fuentes clásicas. El principal referente es Marco Gavio Apicio, autor del célebre De re coquinaria, considerado el gran compendio gastronómico de la Roma imperial. Junto a él, también aparecen referencias constantes a Marcial, Columela, Plinio el Viejo, Catón o Virgilio, cuyas obras —poéticas, agrícolas o enciclopédicas— aportan claves sobre ingredientes, técnicas y costumbres.

La base de esta cocina es profundamente mediterránea, pero con una personalidad propia: intensa, especiada y sorprendentemente compleja. El uso de hierbas aromáticas como el laurel, el hinojo o la alcaravea, junto con especias como el comino, la pimienta o la miel, crea combinaciones que hoy resultan exóticas pero que fueron cotidianas hace dos mil años.

Uno de los elementos más característicos es el garum, una salsa fermentada de pescado omnipresente en la dieta romana, equivalente funcional a lo que hoy sería un potenciador de sabor umami. A ello se suman influencias fenicias, egipcias y etruscas, que enriquecieron la despensa del Imperio a lo largo de los siglos.

El arte de compartir: del triclinium al presente

En la antigua Roma, la forma de comer era casi tan importante como el propio alimento. El espacio del triclinium, reservado a banquetes de hasta nueve comensales reclinados, definía la experiencia gastronómica como un acto de convivencia y estatus. También existían formatos más íntimos como el biclinium, pensado para parejas.

En la propuesta de Aqua Libera, esta dimensión social se recupera como parte esencial de la experiencia: comer no es solo alimentarse, sino recrear una escena histórica.

El resultado es una experiencia que conecta pasado y presente a través del sentido más inmediato: el gusto. Porque, al fin y al cabo, la historia también se puede saborear.