PREMIOS MAX

Mérida convierte los Premios Max en una celebración de la grandeza

El Teatro Romano acogió una gala de gran despliegue artístico que situó a Extremadura en el centro de las artes escénicas españolas.

 

3 Junio 2026, 12:36 | Actualizado 3 Junio 2026, 13:03

El Teatro Romano de Mérida se transformó en la noche del lunes en el gran escenario de las artes escénicas españolas con la celebración de la 29ª edición de los Premios Max. Por primera vez en su historia, los galardones llegaron a Extremadura y lo hicieron con una ceremonia concebida para dialogar con el patrimonio, la memoria y la cultura de la región.

Más allá del reparto de premios, la gala destacó por su capacidad para convertir el monumento emeritense en un espacio vivo donde convivieron teatro, danza, música e imágenes escénicas. Bajo el lema La Grandeza, la ceremonia recorrió referencias clásicas y contemporáneas en una propuesta que encontró en Mérida un escenario difícilmente sustituible.

La dirección artística corrió a cargo de la creadora extremeña Cristina D. Silveira y la gala incorporó elementos vinculados a la historia, la mitología y el imaginario cultural de la comunidad. Los homenajes a figuras y símbolos ligados a Extremadura, así como las referencias a la diosa Ceres y al legado clásico de la ciudad, reforzaron el vínculo entre los Premios Max y el territorio que los acogía. Por allí desfilaron, entre otros, la Medea de María Luisa Borruel, la Antígona de Pepa Gracia o el Sócrates de Esteban García Ballesteros, el Prometeo de Memé Tabares y Alberto Amarilla o el Edipo Rey de José Vicente Moirón. Y la poesía de Guadalupe Fernández. Y La Siberia danza, y Mar Morán y Rebeca Santiago y, permítanme, Luisi Penco, en ese escenario que tanto ha vestido ella (se jubiló hace nada, pero ha sido modista del Festival de Mérida las últimas tres décadas).

La ceremonia proyectó además una imagen de Extremadura como tierra de cultura y de creación contemporánea. Durante un par de horas, los Max mostraron al conjunto del país la monumentalidad del Teatro Romano y la capacidad de Mérida para albergar acontecimientos culturales de primer nivel, más allá del teatro. La ciudad se convirtió así en capital nacional de las artes escénicas y en escaparate de un patrimonio que forma parte de la identidad extremeña.

Los galardones reconocieron algunos de los montajes más destacados de la temporada, en una edición especialmente repartida, pero el recuerdo que deja la cita va más allá de los premios. La puesta en escena, la integración del espacio monumental y el protagonismo otorgado a la cultura extremeña convirtieron la ceremonia en una de las más singulares de la historia reciente de los Max.