FIEBRE RURAL
La Zarza abre un paréntesis rural donde el arte sale al encuentro de la comunidad
Fiebre Rural celebra su segunda edición con residencias artísticas, conciertos y creación contemporánea en diálogo con el territorio.
Álex Pachón es digno hijo de su padre, andaba yo pensando esta mañana. Su padre es Alejandro Pachón, director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz, que murió hace un par de años y en el que seguimos pensando a menudo. El año pasado, Pachón hijo, que es un culo inquieto que organiza y filma y crea, se inventó una cosa llamada Fiebre rural y la hizo en El Carrascalejo. Y este año se han ido a La Zarza.
Durante un fin de semana, La Zarza cambiará el ritmo habitual del pueblo por otro marcado por intervenciones artísticas, guitarras, conversaciones al aire libre y escenarios improvisados: mucha memoria y mucho paisaje. Fiebre Rural celebrará el 30 de mayo su segunda edición, gratis, abierta a todo el mundo.
El encuentro comenzará antes de la jornada principal con las residencias de Caín Ferreras y Joaquín Negativo, que andan pintando murales y grabando a los vecinos ("hemos grabado al cabrero", me cuenta Joaquín en esta entrevista, dadle al Play). El antiguo colegio de San Martín será el centro de una programación gratuita en la que hay música, convivencia y participación social. Asociaciones locales compartirán espacio con propuestas culturales y oferta gastronómica en una edición que crece, aunque ellos sean más de decrecer y de mantenerlo sostenible y pequeñito.
Las Petunias, Bombo Roots, Dalai Drama o Ku! Corte! Lluvia formarán parte de una jornada que terminará dibujando algo parecido a una pequeña ciudad efímera levantada alrededor de la creación. Con zona de acampada habilitada y la Sierra del Calvario observando desde la distancia, Fiebre Rural volverá a abrir una pregunta que rara vez encuentra respuesta fuera de estos formatos: qué ocurre cuando el arte deja de mirar a las capitales y decide quedarse un rato en los márgenes.


