RELIGIÓN
Más de un centenar de embarcaciones acompañan a la Virgen del Carmen en Orellana
La tradicional procesión acuática reunió a centenares de personas en el pantano de Orellana y continúa avanzando en su candidatura para ser Fiesta de Interés Turístico Regional
La devoción marinera volvió a hacerse visible este fin de semana en el pantano de Orellana, donde más de un centenar de embarcaciones acompañaron a la Virgen del Carmen en una de las celebraciones más singulares de Extremadura.
Como cada año desde hace ya cuatro décadas, la tradicional procesión acuática congregó a centenares de personas que no quisieron perderse una cita plenamente consolidada en el calendario estival de la región.
Una procesión iluminada sobre el agua
Al caer la noche, el embalse se transformó en un escenario de gran belleza, con las embarcaciones iluminadas y las antorchas guiando el recorrido de la Virgen hasta su altar, acompañada en todo momento por sus devotos.
El acto volvió a reunir a vecinos y visitantes en torno a una celebración que combina tradición, fe y patrimonio, convirtiéndose en uno de los eventos más representativos del verano en la comarca.
Camino de ser Fiesta de Interés Turístico Regional
La festividad continúa además dando pasos para lograr la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional, un reconocimiento que reforzaría su proyección dentro y fuera de Extremadura.
La alcaldesa de Orellana la Vieja, Pilar Carmona, ha mostrado su confianza en la candidatura y ha destacado que se trata de una celebración única en la comunidad autónoma. "Tenemos muchas esperanzas porque es una festividad única en la región, aunque ya se celebran, pero lleva 40 años celebrándose en Orellana la Vieja y cada vez más tiene más motivación y viene más gente", ha señalado.
Una devoción que se mantiene generación tras generación
La procesión de la Virgen del Carmen es una de las expresiones religiosas y populares más arraigadas de la zona, donde la veneración a la patrona de los marineros continúa congregando cada verano a cientos de fieles y visitantes. Tras cuarenta años de historia, esta singular celebración sobre las aguas del pantano mantiene intacto su atractivo y refuerza su papel como uno de los acontecimientos más emblemáticos del verano extremeño.