FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO
Bacanal reivindica la libertad y la diversidad en Mérida
La nueva propuesta de Chevi Muraday fusiona teatro y danza para reflexionar sobre la libertad, el cuerpo y la resistencia frente a la prohibición en el Teatro Romano
Bacanal, la producción que se representa del 22 al 26 de julio en el Teatro Romano de Mérida, propone un viaje poético que combina teatro y danza para reflexionar sobre la libertad, la diversidad y la necesidad de escuchar al otro. La obra, dirigida y coreografiada por Chevi Muraday, reúne a 18 artistas sobre el escenario en una propuesta que lleva al límite las capacidades físicas e interpretativas de sus protagonistas.
Muraday ha explicado que se trata de una creación «muy honesta», en la que los intérpretes se entregan por completo para transmitir una idea central: los límites del cuerpo y su capacidad de resistencia. El director ha destacado que el espectáculo se construye a partir de imágenes cuidadosamente trabajadas mediante la iluminación y la fuerza visual del escenario, pero también desde una dimensión lúdica que busca implicar al público en el rito dionisíaco.
«Queremos que el público sea partícipe del culto a Dionisio y Baco y para ello les invitamos a venir vestidos de blanco para crear la comunidad en el teatro. Hay una serie de juegos donde el público no sale al escenario, pero sí hay juegos y códigos con los actores, para que el rito pueda seguir, para que el rito continúe», ha señalado.
Una reflexión sobre el cuerpo y la libertad
La obra plantea preguntas de alcance universal sobre la relación que la sociedad mantiene con el cuerpo y la libertad individual. En este sentido, Muraday ha subrayado que el espectáculo invita a reflexionar sobre cuestiones esenciales en un contexto social marcado por la polarización.
«¿Cuándo nos dijeron que el cuerpo era peligro? No debemos tenerle miedo. Nuestro cuerpo es un templo, hay que cuidarle y escucharle. No hay que tenerle miedo», ha afirmado el director.
Asimismo, la propuesta recupera elementos de la mitología clásica para establecer un diálogo con la actualidad. A través de las figuras de las bacantes y las ménades, la obra reivindica la fortaleza de las mujeres y su contribución histórica a la conquista de espacios de libertad. Muraday ha incidido además en una de las ideas centrales de la creación: «Hay algo muy esencial: cuando todo parece haber sido prohibido el cuerpo continúa latiendo. Es algo muy esencial en la pieza. Puede estar todo prohibido, pero dentro de nosotros hay un latir continuo que no tenemos que dejar de escuchar».
Baco y Dionisio frente a la prohibición
La trama sitúa al espectador en el año 186 a. C., cuando Roma decreta la prohibición de las fiestas bacanales. A partir de ese momento, Baco recurre a Dionisio para intentar recuperar unos ritos que han sido vetados por el poder.
El actor Carlos Hipólito, uno de los protagonistas del montaje, ha explicado que la obra combina textos adaptados por Juan Carlos Rubio con el lenguaje corporal característico de Muraday. «Estamos ante una obra donde los personajes bailan cuando no pueden con la palabra. El baile no es un adorno, es parte de la línea de pensamiento de la obra», ha destacado.
El intérprete ha señalado que, durante el viaje de ambos dioses, aparecen tres bacantes que descubren su pasado como ménades vinculadas a Dionisio, lo que da forma a un universo simbólico lleno de referencias al mundo clásico.
«Estamos hartos de que nos prohíban cosas», ha resumido Hipólito al explicar algunos de los mensajes que transmite la producción. Además, la obra incorpora un homenaje a las mujeres que han impulsado los cambios sociales a lo largo de la historia. En palabras del actor, uno de los momentos más significativos llega cuando Dionisio proclama: «Los gobernantes podrán prohibir, pero en el futuro siempre habrá bacantes, ménades, mujeres salvajes que no dejarán que nadie marque el ritmo de su libertad».
Un desafío interpretativo
Las actrices Toni Acosta y Juana Acosta también han destacado la exigencia física y emocional de una propuesta que obliga a integrar constantemente texto y movimiento.
Toni Acosta ha explicado que su personaje posee la capacidad de anticipar el futuro y revivir episodios del pasado, una circunstancia que le ha permitido profundizar en emociones complejas. Además, ha reconocido que el componente coreográfico ha supuesto un importante reto profesional. Por su parte, Juana Acosta interpreta a una de las bacantes inspiradas en la tragedia de Ágave, uno de los personajes más trágicos de la mitología griega. La actriz ha asegurado que dar vida a este papel está siendo «un regalo» gracias al compromiso y la generosidad de todo el equipo artístico.
«Es una historia muy necesaria, que habla de libertad, pulsión de vida y conexión con el instinto», ha afirmado.
Una invitación a celebrar la vida
Más allá de su dimensión mitológica, Bacanal se presenta como una invitación a celebrar la vida y a preservar la luz frente a la adversidad. Tanto el director como los actores y actrices han animado al público a asistir vestido de blanco para reforzar la idea de comunidad que atraviesa todo el espectáculo. «Que vengan, que no tengan miedo, que bailen con nosotros. Que el público se ponga de pie, el cuerpo necesita moverse, todos de blanco festejando la vida».