CICLO DE MÚSICA ACTUAL
Una sala de espera en Badajoz: nueve conciertos para escuchar lo que todavía no tiene nombre
El XVIII Ciclo de Música Actual va del 23 de octubre al 7 de abril con estrenos absolutos, un Falla desde el jazz, el último Grisey y una instalación sobre el miedo y la manipulación política
Cedida Ciclo de Música Actual
Una sala de espera no tiene música. Tiene un zumbido (el de la luz, el de la máquina de los turnos, el de uno mismo) y una silla que nunca es la que uno habría elegido. Nadie se sienta en una sala de espera por gusto. Se sienta porque algo que no controla está a punto de decidirse. Les hablo de salas de espera porque el 10 de marzo habrá una en Badajoz, y porque es la puerta por la que me apetece entrar en un ciclo que lleva dieciocho años empeñado en que no estemos cómodos.
Hay, pienso, una tendencia muy extendida a tratar las salas de concierto como si fueran... yo qué sé, balnearios: espacios seguros donde refugiarse del ruido cotidiano a cambio de no exigirle absolutamente nada al oído. Qué bonito, Beethoven. Bueno, puede ser bonito, pero sobre todo es profundo. A Beethoven estamos acostumbrados, pero nos irrita la disonancia: no porque carezca de rigor o de belleza, sino porque demanda una atención analítica que casi nadie está dispuesto a concederle hoy a una partitura. Estamos acostumbrados a consumir música como un mero fondo ambiental: de hecho, ahora mismo, mientras escribo, suena Zach Bryan en el ordenador. Pero vamos a hablar del momento en que una obra contemporánea nos obliga a escuchar el timbre, el grano y la tensión de los materiales y decimos aquello de "yo es que esto no lo entiendo". No hace falta entender.
Lo mismo solo hace falta sentarse en la sala de espera. Se llama I dreamt of fire (‘Soñé con fuego’) y la firman la austríaca Marie Delprat y el artista visual Tom Lane en la Sala Off Cultura. El público se sienta dentro de la escenografía, observador y observado a la vez, mientras los paisajes sonoros, la música electrónica y unas imágenes que evolucionan van desestabilizando el espacio poco a poco, hasta la tensión y la desorientación. Dicen sus autores que exploran el miedo como emoción primitiva y como instrumento político de control, pero también como posibilidad de reconectar y de transformarse en colectivo. La entrada cuesta 5 euros, precio único. Cinco euros por que a uno le recuerden que tiene miedo. (Hay gangas peores.)
Y el miedo, ya se sabe, es pariente cercano de la muerte, que es el asunto del 3 de abril en el Teatro López de Ayala. El Ensemble Sonido Extremo y el Vertixe Sonora Ensemble, quince músicos dirigidos por Jordi Francés y la soprano belga Sarah Defrise, interpretan Quatre chants pour franchir le seuil (‘Cuatro canciones para cruzar el umbral’), la última obra de Gérard Grisey, escrita entre 1996 y 1998. Es una meditación sobre la muerte en cuatro partes: la del ángel, la de la civilización, la de la voz y la de la humanidad. Los textos vienen de cuatro civilizaciones (la cristiana, la egipcia, la griega, la mesopotámica) y comparten un único discurso: la inevitabilidad. El programa incluye además el estreno absoluto de una obra de Mikel Urquiza, encargo del CNDM.
Entre un umbral y otro, el ciclo se permite algo que se parece a la ternura. El 17 de noviembre, también en el López de Ayala, el compositor y pianista Moisés P. Sánchez, con la violinista Ana María Valderrama y el contrabajista Pablo Martín Caminero, revisita a Manuel de Falla desde el jazz, la armonía moderna y la improvisación, en el 150º aniversario del nacimiento del compositor gaditano. Habrá arreglos de las Siete canciones populares españolas, de La vida breve, de la Danza ritual del fuego y de Nocturno, y una Suite imaginada del propio Sánchez.
El resto es una geografía de formatos que no caben en el concierto de siempre: la percusión portuguesa de Kodu Percussion Group, que inaugura el 23 de octubre en el MEIAC con cinco obras que se oirán por primera vez en España; el insólito dúo de trombón y acordeón Hava Dúo; el saxofonista Ismael Arroyo y el pianista Eduardo Moreno, extremeños los dos, que el 11 de diciembre en el salón noble de la Diputación estrenan a Jesús Torres, Jorge Tabarés y Katrina Penman y se atreven con la Rhapsody in Blue; el Ensemble Neoars Sonora poniendo música en directo a Buster Keaton el 22 de enero en la RUCAB; el pianista Daniel Bertomeu y sus Cuadros de una exposición el 19 de febrero; y el cuarteto de saxofones Kebyart cerrando el 7 de abril en el MEIAC con dos estrenos absolutos, de Fran Barajas y Gérard Pesson.
Organiza la Sociedad Filarmónica de Badajoz, en coproducción con el Centro Nacional de Difusión Musical. Para sus socios, la entrada es gratuita. Todos los conciertos empiezan a las 20:00. Falta saber quién se atreve a sentarse. Mantener esta cita durante dieciocho ediciones desde la periferia ibérica (añadimos) no es un trámite de gestión cultural; es una obstinación necesaria. Y no es la única que realizan. Suertudos nosotros.