PATRIMONIO

Mérida reabre una de las páginas más fascinantes de su historia

Tras nueve meses de trabajos, la cripta de Santa Eulalia estrena un recorrido renovado por uno de los enclaves que mejor explican la evolución de Augusta Emerita.

31 Julio 2026, 09:20 | Actualizado 31 Julio 2026, 09:30

Bajo la Basílica de Santa Eulalia, donde cada año pasan miles de visitantes y peregrinos, permanece intacta una ciudad enterrada que resume casi dos milenios de vida. Tras nueve meses cerrada por obras de mejora, la cripta arqueológica reabrirá sus puertas el próximo 3 de agosto, recuperando para emeritenses y visitantes uno de los espacios más singulares del patrimonio extremeño.

La actuación, impulsada por el Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida, ha permitido renovar el recorrido museístico con nuevos paneles interpretativos retroiluminados, maquetas, vitrinas para piezas arqueológicas, una iluminación completamente renovada y mejoras en la accesibilidad y en los sistemas eléctricos y audiovisuales. La intervención ha supuesto una inversión cercana a los 89.000 euros.

Pero el verdadero valor de este espacio no está en la reforma, sino en lo que conserva bajo tierra.

Un viaje por la historia de Augusta Emerita

Pocos lugares permiten recorrer la evolución de una ciudad durante casi dos mil años sin abandonar el mismo punto. La cripta de Santa Eulalia es uno de ellos.

Las excavaciones arqueológicas realizadas a finales del siglo XX revelaron que bajo la actual basílica se superponen distintas etapas de la historia emeritense, como si cada siglo hubiera dejado escrita una nueva página sobre la anterior.

Los restos más antiguos corresponden a una domus altoimperial, una vivienda romana que formó parte de uno de los barrios residenciales de Augusta Emerita. Aquel espacio doméstico desapareció siglos después para dar paso a una transformación decisiva: el nacimiento de una necrópolis cristiana en torno al lugar donde, según la tradición, fue enterrada Santa Eulalia, martirizada durante las persecuciones del emperador Diocleciano a comienzos del siglo IV.

Ese hecho cambió para siempre la historia del enclave.

El origen de uno de los grandes santuarios cristianos de Hispania

Sobre el lugar donde comenzó el culto a la joven mártir se levantó un martyrium, el edificio destinado a venerar su memoria. Con el paso del tiempo, alrededor de ese santuario se construyó una gran basílica paleocristiana, convertida en uno de los principales centros de peregrinación de la Hispania tardoantigua.

La actual Basílica de Santa Eulalia, levantada siglos después, mantiene esa continuidad histórica excepcional: desde una vivienda romana hasta uno de los templos más importantes del cristianismo peninsular, pasando por un cementerio, un santuario martirial y varias fases constructivas que la arqueología ha permitido documentar con precisión.

Pocas ciudades conservan un lugar donde pueda seguirse con tanta claridad la transición entre el mundo romano y el nacimiento de la ciudad cristiana.

Una experiencia renovada

La intervención realizada durante estos meses ha tenido como objetivo mejorar la comprensión del yacimiento sin alterar su esencia.

El nuevo recorrido incorpora recursos expositivos que ayudan al visitante a interpretar los restos arqueológicos y comprender la evolución histórica del lugar. También se han restaurado elementos metálicos, renovado la iluminación y modernizado las instalaciones técnicas del espacio.

La reapertura se celebrará el 3 de agosto con un acto institucional al que asistirán el arzobispo de Mérida-Badajoz, fray José Rodríguez Carballo; el consejero de Cultura y Turismo de la Junta de Extremadura, Laureano León, y el alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna.

Una ciudad que también se descubre bajo tierra

Mérida suele contemplarse mirando sus grandes monumentos: el teatro, el anfiteatro, el puente romano o el templo de Diana. Sin embargo, bajo la Basílica de Santa Eulalia permanece otra ciudad, menos visible, pero igual de decisiva para comprender la historia de la antigua Augusta Emerita.

Con la reapertura de la cripta, la capital extremeña recupera mucho más que un espacio museístico. Recupera una puerta desde la que entender cómo una ciudad romana se transformó en uno de los grandes focos del cristianismo hispano y cómo, bajo las piedras del presente, siguen conservándose las huellas de casi veinte siglos de historia.